• Editorial Cazador

Cinco autoras, cinco relatos


En Cuatro autores, cuatro relatos, un ensayo mío aparecido en 2012 en Literatura Prospectiva, reivindiqué algunas historias de ciencia ficción, fantasía o terror españolas aparecidas en los años noventa, a las que en su momento no presté demasiada atención y que, sin embargo, no han hecho sino ganar con el tiempo y convertirse en pequeños clásicos. Escribí acerca de relatos de César Mallorquí, Armando Boix, Carlos Pavón y León Arsenal.



No había ninguna autora, aunque en la declaración de intenciones citaba a Elia Barceló entre los escritores punteros del género que no incluía en el listado, pues habían comenzado a publicar en los años ochenta y ya estaban suficientemente reivindicados y asentados en el canon. Barceló es una presencia recurrente en todas las antologías históricas del género, con relatos como Mil euros por tu vida, La mujer de Lot y, muy en especial, La estrella. Aunque este último es su relato paradigmático, los dos anteriores se reeditaron, respectivamente, en dos antologías muy atractivas: Historia y antología de la ciencia ficción española, recopilada por Fernando Ángel Moreno y Julián Díez para Cátedra en 2014, y Distópicas. Antología de escritoras españolas de ciencia ficción, recopilada por Lola Robles y Teresa López-Pellisa para Libros de la Ballena en 2018. La estrella es el relato en el que se suele pensar cuando acude a nuestra mente el nombre de Elia Barceló, pero lo cierto es que no es el único suyo que se ha editado en recopilaciones de carácter histórico.


Porque lo cierto es que ahí residía el hecho diferencial: ninguno de los cuatro relatos que proponía en aquel ensayo había sido reeditado en ninguna de las ya por entonces habituales antologías históricas del género; como mucho, en las Fabricantes de Sueños que la por aquel entonces AEFCF ofrecía a modo de resumen de lo mejor del año. Cierto, los de César Mallorquí, Armando Boix y León Arsenal habían aparecido en recopilaciones personales de relatos, y solo el de Boix había aparecido en más de un recopilatorio; de hecho, ninguno de ellos se ha reeditado en los últimos años. En cuanto al de Carlos Pavón, apenas unos meses después de aparecer mi ensayo se incluyó en Prospectivas. Antología del cuento de ciencia ficción española actual, que Fernando Ángel Moreno seleccionó para Salto de Página en 2012.

En lo relativo a las autoras de ciencia ficción, fantasía y terror españolas o latinoamericanas que publicaron contenidos con editoriales, fanzines o revistas españoles, parece como si, en lo tocante a los años noventa, solo hubiera existido La estrella, de Elia Barceló. Y lo cierto es que esa década no fue especialmente prolífica en cuanto a género escrito por mujeres. En el ensayo Cincuenta relatos para una década mencionaba un listado de mis cincuenta relatos favoritos de los años noventa que elaboré en el año 2000, y solo había dos mujeres: Elia Barceló (con La estrella, en el séptimo puesto; Oscuro, como un cristal, en el 43, y Ritos, en el 45) y Adolfina García (con La casquería, en el 34). En el anexo de ese ensayo, Los doscientos relatos más importantes de los años noventa, incluía el listado completo y aparecían, además de otros cuentos de Elia Barceló (Estreno, en el 103; Loca, en el 124; El día más feliz, en el 157, y Cobarde, en el 180) y Adolfina García (Gandamo, en el 136, y De postre, en el 172), autoras como Karim Taylhardat (Cinerario, en el 57), Luna García (Ladrona, en el 130), Mariarita Pennington Evans (Leitmotiv, en el 176), Susana Vallejo (Estar tres, en el 198) y Elena Pérez (La hucha de Sara, en el 199). Siete autoras y quince relatos; es decir, el siete y medio por ciento del total.

¿De verdad que solo el siete y medio por ciento de los buenos relatos de los años noventa aparecidos en publicaciones del fandom estaba escrito por mujeres? ¿Había un sesgo por mi parte o, en efecto, el fandom raquítico y eminentemente masculino de los años noventa se traducía en que no solo había pocas mujeres en las convenciones o tertulias, sino también en los sumarios de las revistas o fanzines? Supongo que mitad y mitad, aunque hay datos tan elocuentes como que el único Ignotus de toda la década que ganó una obra de ficción española escrita por una mujer fue el de La estrella, de Elia Barceló, quien también fue finalista en las categorías de novela (Consecuencias naturales, en 1995), novela corta (El mundo de Yarek, en 1994) y cuento (Loca, en 1993). Si salimos de las categorías de ficción, tanto Elia Barceló (La inquietante familiaridad, en el año 2000) como Pilar Pedraza (Máquinas de amar, en 1995) fueron finalistas al mejor libro de ensayo. Todo esto, mientras en las categorías de ficción extranjera Connie Willis se hinchaba a ganar Ignotus (seis en este período) y Lois McMaster Bujold a perderlos frente a Connie Willis (cinco en toda la década).

¿Cabría, pues, hablar de un sesgo por parte de los premios populares? Tal vez. Veamos qué sucede con los premios con jurado.

El UPC tan solo ha registrado una victoria femenina española (El mundo de Yarek, de Elia Barceló, en 1993) y dos menciones especiales (Puede usted llamarme Bob, señor, de Mercè Roigé, en 1992, y Teorema, de Irene da Rocha, en 2002) en veinticuatro ediciones, a las que hay que añadir las dos menciones obtenidas por Kristine K. Rusch.

El Alberto Magno muestra otra única victoria femenina (Jardín de infancia, de Sara Sacristán, en 2011), un segundo puesto (La verdadera vida de Cordwainer Smith, de Begoña Pérez Ruiz, en 2018), dos accésits UPV/EHU (Tximeleta mezularia, de Gotzone Barandika, en 2004, y Dioses del metal, de Irantzu González, en 2008) y tres menciones (Lluvia amarilla, de Sonia Pereyra, en 1999; Sueño profundo, de Laura Quijano, en 2009, y División Seis: Príncipes de hielo, de Marisa Villalón, en 2011) en treinta ediciones.

El Domingo Santos es un tanto peculiar, ya que en no todas las ediciones se publicitaron los nombres de los finalistas, por lo que no podemos extraer información sobre la autoría de los relatos. Aun así, los datos disponibles son más demoledores aún que en los dos premios anteriores: no ha ganado ni una sola autora, y no empezó a haber mujeres finalistas (salvo que las actas de las cuatro ediciones anteriores que no publicitaron los nombres de los finalistas desmientan este hecho) hasta 2010, en el que se reconocieron los trabajos de Julia R. Robles (Aeternitas, que también consta como finalista del premio Andrómeda de ficción especulativa 2011), Carmen del Pino (El pueblo fantasma) y Ana Martínez Castillo (Sofisticación). En la edición de 2011 fueron cuatro las mujeres finalistas: Carmen del Pino (El otro que soy), Natalia Viana (El peso de la culpa), Laura López Alfranca (Muerte por compasión) y Luisa Fernández (Trece latidos en la noche). Es imposible efectuar el seguimiento de las siguientes ediciones, ya que en ninguna de ellas se abrieron plicas para comprobar la identidad de los finalistas no premiados y, de hacerlo, no consta en ninguno de los medios que he consultado. El hecho de que las ediciones de 2010 y 2011 registrasen tres y cuatro mujeres finalistas hace suponer, por extrapolación, que no se trató de un hecho casual sino de una tendencia y que en las siguientes convocatorias ha habido más.

En cuanto al Aznar/Pablo Rido, y con eso termino el análisis de los cuatro premios que conformaron el grand slamdurante los años noventa y buena parte de los años dos mil, solo ha premiado a una mujer (Nuria C. Botey, por Dancing with an Angel, en 2003) y distinguido a otras tres con la condición de finalistas (María Dolores Gema Galván, por Retrato de mujer, en el año 2000; Carmen Falguera, por La colonia, en 2002, y María Belén Díaz (El laberinto de los impenitentes, en 2004). Es cosa sabida que un contertulio que se sentaba junto a Galván en la cena oficial del año 2000 le espetó que el Rido era un premio profundamente machista, como demostraba el hecho de que ella fuera la primera finalista en nueve ediciones, y también es cosa sabida que ese estupendo (doy fe de ello: fui prejurado en aquella edición) relato se quedó inédito: primero, porque nadie se lo pidió, y segundo, porque, después de aquel comentario, nunca más volvió a la tertulia ni, hasta donde sé, trabó contacto alguno con el fandom.

Sé que esto solo es una anécdota y que, a partir de ella, no se puede inferir el funcionamiento del fandom español de toda una década, la de los noventa, y tal vez de parte de los años dos mil, pero parece una evidencia que los años noventa fueron un páramo en lo que a publicación de autoras se refiere. Ni siquiera hay relatos de esa década en el díptico de Libros de la Ballena que conforman Distópicas y Poshumanas. ¿Tendríamos, pues, que dar por bueno el consenso en torno a que, en cuanto a mujeres escritoras de ficción de género fantástico que publicaron en medios especializados surgidos del fandom, los años noventa fueron un auténtico campo de nabos que se podría resumir en Elia Barceló y dos más? Los datos parecen apuntar en esta dirección, pero ya en el año 2000 dejé constancia de que hubo al menos otras seis autoras que publicaron relatos destacables. A diferencia del listado que presento en No, no voy a hablar de tu cuento: Cincuenta relatos para un siglo naciente y su anexo (Los 250 relatos más significativos de los años dos mil), solo recogía relatos de fanzines y revistas especializadas. En el mundo real había más material de primer orden. No me cabe duda de que, si tuviera que reelaborar ese listado de los años noventa basándome en lecturas procedentes de publicaciones y editoriales generalistas, la presencia femenina sería más numerosa y ocuparía algunos de los puestos nobles; estoy pensando, de manera particular, en dos relatos de Cristina Fernández Cubas: El ángulo del horror, de 1990, y La mujer de verde, de 1994.


Ya que he mencionado los ensayos relacionados con los mejores relatos de los años dos mil, en esa década el panorama, aunque sigue resultando un tanto desolador, cambia para bien: frente a los catorce relatos de siete autoras del listado largo de doscientas obras de los años noventa, en el listado largo de doscientos cincuenta hay treinta relatos de veintitrés autoras (por orden alfabético: Elia Barceló, Pilar Barba, Nuria C. Botey, Daína Chaviano, Eva Díaz Riobello, Patricia Esteban Erlés, Cristina Fernández Cubas, Laura Gallego, Paula Grañeda, Felicidad Martínez, Alejandra Medina, Rosa Montero, Julia Otxoa, Pilar Pedraza, Tábata Peregrín, Cristina Peri Rossi, Laura Ponce, María Concepción Regueiro, Paula Ruggeri, Jimina Sabadú, Marta Sanz, Patricia Suárez y Anabel Zaragozí) y cinco relatos de otras tantas autoras en el listado de cincuenta (por orden alfabético: Elia Barceló, Nuria C. Botey, Daína Chaviano, Cristina Fernández Cubas y María Concepción Regueiro). Todo apunta a que el crecimiento será exponencial en los años dos mil diez, y quienes investiguen esta década bien podrían encontrarse con una paridad o incluso un predominio femenino, escenario inédito hasta ahora en España y muy en línea con lo que está sucediendo en los países anglosajones.

Los años dos mil aportan sendos relatos a Distópicas (Nuevo animal de compañía, de Pilar Barba) y Poshumanas (El error, de Rosa Montero) y otro más a Historia y antología de la ciencia ficción española (Mil euros por tu vida, de Elia Barceló). Sigue siendo un bagaje más bien pobre, pero es que estamos hablando única y exclusivamente de ciencia ficción. ¿Cambia el panorama si añadimos los géneros afines? En la antología histórica más representativa del género de terror español, Aquelarre, editada por Antonio Rómar y Pablo Mazo para Salto de Página en 2010, aparece también un único cuento: Círculo Polar Ártico, de Care Santos (original de 2009); si ampliamos la búsqueda a los años noventa, tenemos el ya citado El ángulo del horror, de Cristina Fernández Cubas (aparecido en 1990). En cuanto a la fantasía, analizada en la Perturbaciones de Juan Jacinto Muñoz Rengel en 2009, parece que tenemos más suerte, pues aparecen cinco relatos: La mujer de verde, de Cristina Fernández Cubas (1994); El juicio final, de Cristina Peri Rossi (2000); Cantalobos, de Patricia Esteban Erlés (2008); Diario, de Julia Otxoa (2009) y La obsesión de la alimaña, de Elia Barceló (2009).



¿Qué se publicaba en las revistas y fanzines señeros del género? Los datos nos vuelven a decir que más bien poco. Hablaré de las iniciativas que conozco mejor, por haber sido director, coeditor, parte de la mente colmena editora y seleccionador, respectivamente: la revista Gigamesh, el fanzine Núcleo Ubik y las antologías Artifex Cuarta Época y Visiones 2002.

En cuanto a la primera, la presencia de autoras españolas o latinoamericanas en las secciones de no ficción era constante (Elia Barceló y Susana Vallejo fueron colaboradoras asiduas, o bien con ensayos o bien con reseñas; Adolfina García siempre fue uno de los activos más potentes de Gigamesh, en todas sus etapas, gracias a sus desopilantes reseñas de libros; María Beatriz Cóceres ganó el premio Gigamesh de ensayo y fue finalista en otra edición, al igual que Mayte Aguilar, y prácticamente en todos los números aparecían reseñas firmadas por mujeres), pero ¿cuántos relatos escritos por mujeres de lengua española se publicaron en los cuarenta y cuatro números de la revista aparecidos entre 1991 y 2007? Exactamente dos: Balneario, de Pilar Pedraza, en el número 9 (dedicado a ella), y Chop suey, de Angélica Gorodischer, en el 28 (un especial CF latinoamericana). Para más inri, ambos relatos eran reediciones.

El segundo, editado entre 1994 y 1995, aporta la misma cantidad de relatos escritos por mujeres, dos, si bien lo hicieron en solo dos números y, en esta ocasión, sí eran inéditos: El día más feliz, de Elia Barceló, en el número 1, y Gandamo, de Adolfina García, en el 2/3. Elia, además, tradujo relatos y escribió una sección para el fanzine.

Las terceras, publicadas entre 2008 y 2009, arrojan una cifra muy triste: ninguno de los treinta y dos relatos aparecidos en sus 4/5 números vino firmado por mujeres. Conservo los registros de los relatos remitidos para los dos primeros números y en ellos solo consta uno escrito por una mujer, pero esta lo retiró al cambiar de manera sustancial las condiciones del proyecto, de antología en formato papel a publicación electrónica. Supongamos que no lo hubiera retirado; en tal caso, habríamos tenido un relato sobre treinta y tres. Si hacemos historia, los precedentes de esta publicación mantuvieron una tendencia al alza en cuanto a presencia femenina: una sola autora (Fuensanta Rabadán) en los catorce números de El Fantasma (denominación que Luis G. Prado le dio a su fanzine desde 1993 hasta 1997); otra en los seis números de Artifex Primera Época (Elia Barceló, con Oscuro, como un cristal) que ocuparon el bienio 1997-1998; tres en los trece números de Artifex Segunda Época que coeditó junto con Julián Díez de 1999 a 2004 (Elia Barceló, Sue Burke y Tábata Peregrín) y cuatro en las cuatro antologías Artifex Tercera Época que Díez y García Prado lanzaron entre 2005 y 2006 (Nuria C. Botey, Raquel González, Blanca Martínez y Jimina Sabadú). La publicación hermana de Artifex Tercera Época, la antología Paura de terror, publicó cinco relatos de cuatro autoras (Nuria C. Botey, que hizo doblete, más Elia Barceló, Eva Díaz Riobello y Pilar Pedraza) en los cuatro números que editó de 2004 a 2008.



Con la cuarta sí parece que la proporción es más satisfactoria. Tres de los catorce relatos del Visiones 2002, que seleccioné para la AEFCF, están firmados por mujeres: Ahora puedo oír tu llanto, de Paula Grañeda; Hamburgo Sur, de Patricia Súarez, y Ojo en el cielo, de Paula Ruggeri. En cuanto a los relatos remitidos, había nueve de setenta y cinco. Uno de ellos lo encargué ex profeso: el de Paula Grañeda, quien no se movía en círculos fandomitas pero era asidua en el palmarés del Concurso de Cuento de la Universidad Autónoma de Madrid, por lo que me pareció que podía aportar un relato que se apartara de su registro habitual, cosa que hizo, y con resultados notables. Esas tres autoras de catorce no eran las ocho de trece del Visiones 2018 seleccionado por Israel Alonso y Nieves Delgado, ni las seis de quince del Visiones 2000 seleccionado por Juan Miguel Aguilera, ni las cinco de quince del Visiones 2016 seleccionado por Lola Robles y María Concepción Regueiro, ni las tres de tres del Visiones 2007 seleccionado por Antonio Gorinkai Rivas, ni las cuatro de dieciséis del Visiones 2008 seleccionado por la Tertulia Valenciana, pero tampoco eran el cero absoluto registrado en cinco ediciones de los años noventa y dos de los años dos mil.

Todo esto, con independencia del enfoque que se quiera adoptar, nos dice algo muy evidente con respecto a la ciencia ficción, la fantasía y el terror de los años noventa y dos mil: se publicaron pocos relatos de autoras en editoriales e iniciativas especializadas y, salvo un par de excepciones notables, ni el público lector ni los jurados de los concursos ni los editores ni los antologistas les prestaron demasiada atención. No cabe hablar de ninguneo, al menos en los años dos mil, pero sí de cierto desinterés: del mismo modo que me moví para buscar autoras para el Visiones 2002, bien podría haberlo hecho para Gigamesh o Artifex Cuarta Época. Por otra parte, las estadísticas también eran adversas, aunque el aumento de la cantidad de mujeres que publicaron en los años dos mil se traduce en que ganan más premios o aportan más relatos finalistas, se las edita más, y también, y esta es la materia de este ensayo, aportan más narraciones a las recopilaciones históricas, es decir, al canon de la literatura española de género fantástico.

Y con ello delimitamos el ámbito de estudio de este ensayo: los buenos relatos de ciencia ficción, fantasía o terror publicados o bien por autoras españolas en cualquier medio o bien por autoras latinoamericanas que publicaron en territorio español, pero que, a pesar de ser buenos, no se han reeditado en ninguna de las antologías históricas que están comenzando a proliferar. El criterio es el mismo que el que presentaba en Cuatro relatos, cuatro autores, solo que añadiendo los años dos mil. Así pues, en este ensayo hablaré de cinco relatos de los años noventa y dos mil que me parecen merecedores de una reedición, o bien en próximas antologías históricas, o bien en antologías temáticas… o, incluso, formando el sumario de una antología.


¿Quién es Juanma Santiago?

Juanma Santiago (Madrid, 1970) es licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid y máster de Edición de la Universidad de Alcalá / Editrain. Ha publicado relatos en distintos fanzines y revistas de ciencia ficción. Es ganador de dos premios Ignotus, uno de ellos por la obra colectivaLas cien mejores novelas de ciencia ficción del siglo XX(La Factoría, 2001). Ha dirigido y coordinado las revistasStalker,GigameshyArtifex Cuarta Época, y participado como jurado en los premios Xatafi-Cyberdark. También ha sido profesor del máster de Historia del cine en 50 películas de Estudiodecine. (juanmasantiagoblog.blogspot.com.es)

Este artículo pertenece al libro nominado a los Ignotus, Moriremos por fuego amigo que podéis adquirir aquí.


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